domingo, 9 de diciembre de 2012

Me quedo con lo bueno, que en realidad fue poco, pero suficiente para no dejarlo en el momento justo y me lo traje cargando casi diez mil kilómetros lineales, junto con un montón de expectativas creadas, en su mayoría, unilateralmente; eran tal vez mis ganas de que no volviera a pasar más de una década, o tal vez porque vi, otra vez, el brillo de sus ojos al verme (aunque a estas alturas ya no estoy segura si sólo era el reflejo de la luz).
Sé bien en qué me equivoqué, pero también sé que no hubo disposición para intentar y le fue más sencillo (creo) dar suficientes pasos atrás o más bien ya no moverse.
Cerca del final, creí haber visto nuevamente sus ojos brillar y mi corazón sonrió, pero algo pasó y simplemente no volvió.
Me quedo con lo bueno, las fotos y el recuerdo de su sillón, la playa, el olor a tabaco y el anís que me regaló. Del brillo en su mirada, no lo sé, tal vez fue sólo mi imaginación.

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